miércoles, 5 de febrero de 2014
Como hacer que el amor de pareja perdure
Cuenta una vieja leyenda Sioux, que
un día Toro Bravo, el más valiente y honorable de los guerreros, y Nube
azul, la bellísima hija del jefe de la tribu, llegaron a la tienda del
anciano sabio de la aldea a pedir consejo. Nos amamos –empezó el joven- y
nos vamos a casar –prosiguió ella- Y tenemos tanto miedo de perdernos,
que venimos a rogarle que nos haga un
conjuro o un hechizo, o nos entregue un talismán para que nos proteja y
garantice que estemos juntos hasta la muerte. ¿Hay algo que pueda hacer
por nosotros?” El anciano se emocionó mucho al verlos tan jóvenes, tan
enamorados y esperando su consejo con tanto anhelo. Habría algo – dijo-
pero no sé si sea un reto muy difícil, pues implica gran sacrificio.
Haremos lo que sea – respondieron al unísono los enamorados- Nube Azul
–dijo el anciano- ¿ves ese monte al norte de la aldea? Tendrás que
escalarlo sola, y, sin más armas que tus manos y una red, atrapar al
halcón más bello y vigoroso que jamás se haya visto. Si logras
atraparlo, deberás traerlo vivo al tercer día después de la luna llena.
Esa es tu misión. Y tú, Toro Bravo, -continuó el sabio- tendrás que
escalar la montaña del trueno y cuando alcances la cima, deberás
capturar, sin hacerle daño, a la más valiente de las águilas, usando
sólo tus manos y una red, para traerla el mismo día del regreso de Nube
Azul. Ahora, partan, ordenó el anciano. Los jóvenes se abrazaron con
ternura y luego emprendieron su camino, ella al norte, y él hacia el sur
de la aldea, para cumplir con las misiones encomendadas. El día
señalado, los amantes regresaron a la tienda del anciano, cargando cada
uno el ave que le había sido pedida. Eran, en verdad, unos hermosos
ejemplares. ¿Qué debemos hacer ahora? preguntó Toro Bravo, ¿Debemos
matarlas y beber su honorable sangre? No, respondió el anciano. ¿Debemos
cocinarlas y comer su carne preciosa? preguntó ella. No -repitió el
sabio-, ahora deben atarlas entre sí por sus patas, con estas tiras de
cuero, y luego dejarlas para que vuelen libres. La joven pareja hizo lo
que se les había ordenado y soltaron las aves. El águila y el halcón
intentaron levantar el vuelo varias veces pero lo único que conseguían
era terminar cada vez, revolcadas en el suelo. Después de muchos
intentos, irritadas y frustradas por su incapacidad para volar,
empezaron atacarse con sus picos, haciéndose mucho daño. Este es el
conjuro que pidieron, dijo el anciano, nunca olviden lo que acaban de
ver. Ustedes son como el águila y el halcón. Si se atan el uno al otro,
así sea por su inmenso amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que
terminarán lastimándose inevitablemente. Si quieren que su amor perdure,
vuelen juntos, pero jamás atados.
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